lunes, 8 de marzo de 2010

Mi Muñeca

  Esta historia es un homenaje a todas las mujeres que trabajan y luchan día a día por cumplir sus sueños:

Cuando nació mi hermana, fuí a vivir a casa de mis abuelos, por un tiempo. Allí estuve desde los tres hasta los seis años. Después, cuando empecé el colegio, iba todos los fines de semana, vacaciones y siempre que podía...porque me encantaba estar allí.
Eran tiempos dificiles, allá por los 60, se vivía con lo justo. Se trabajaba muy duro y no había mucho tiempo para el ocio.  No recuerdo tener amigos de mi edad con los que jugar, así que acompañaba a mis abuelos en las tareas de la casa y del campo, con lo que practiqué mucho la virtud de la paciencia...
Para entretenerme, iba con mi abuela al agua, a lavar, a ordeñar la vaca, a la leña para cocinar... al molino, a hacer pan...y cuando tocaba jugar, no había mucho donde escoger: un juego de construcciones, heredado de mi tío, una marioneta de cartón que al tirarle de una cuerda, movía los brazos y las piernas...en fin, que había que ingeniarselas...
Un día mi abuelo me dijo: vete a la sala y mira lo que hay allí en una caja, pero no se puede tocar. Y ¡oh maravilla! ¡había una muñeca! Una linda muñeca rubia con un peine y un espejo.Yo, la miraba todos los días, pero estaba guardada en un armario y no me quedaba al alcance de la mano...
Después de un tiempo pensando como conseguirla, camelé a mi abuela para que me dejara jugar con ella el día que mi abuelo no estuviese en casa. Y así fué, cuando mi abuelo salía, si me había portado bien, mi abuela me bajaba la muñeca del armario,  yo la lavaba y la peinaba, la volvía a guardar en la caja... y allí no había pasado nada. Mi abuelo, lo sabía, pero hacía como si no supiera nada.
Y aunque a alguien le extrañe, aquella fué una de las épocas más felices de mi vida, aprendí a luchar por lo que quería, a saber esperar, y otras muchas cosas que no nos sobraría poner en práctica en estos tiempos...
Las cosas han cambiado mucho,  debemos de seguir luchando por nuestros ideales, liberar a nuestras muñecas de ser un sueño sin conseguir, por no intentarlo, y buscar la manera de alcanzar aquello que nos proponemos. Aunque a veces nos cueste un poco de sufrimiento.
Estoy orgullosa de haber luchado por mi primera muñeca, y por las demás...a lo largo de mi vida.
 Hice este collage con una imagen que encontre, que me recordó cuando jugaba en la sala...
Y así es como la recuerdo...



Mi muñeca

La recuerdo impasible, tan callada…
detrás del cristal de la vitrina de la sala.
Atada de pies y manos, atrapada,
invitando a resignarse…
Es la hora de la siesta.
El sol abrasa mis intentos de sacarla.
Y me rindo. Mañana.
Mi mente no se aparta de sus ojos
que me miran quietos y vidriados,
¡pobre muñeca mía!
Siempre es triste su carita sonrosada
Por eso lucho desde entonces
por miles de muñecas olvidadas,
que acaban su vida de infortunio
detrás del cristal de la vitrina de la sala.
Cuantos días felices…
Y tardes amargas… ¿Cuántas?
Nos pasamos esperando
que se abra la ventana…
Ya no recuerdo sus ojos
Ya no recuerdo su cara,
Pero me duele aquí dentro
El recordarla encerrada

4 comentarios:

  1. Jo!Me encanta lo que escribes, y lo que haces, claro.Me quedo yo corta con mis poemas... Maravilloso.

    ResponderEliminar
  2. Ahora mismo, el cielo esta gris oscuro,el sol pega fuerte en las ultimas hojas que le quedan a un tilo centenario, que casi toco desde la ventana. Me acabo de emocionar con lo has escrito,son unas palabras tan sinceras como este atardecer de otoño que me han hecho recordar algunos olores que rodearon mi infancia.
    Gracias me ha gustado mucho.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por tu comentario, a mi, me emociona que te emociones con mis escritos. Es verdad, eso de los olores...Tengo un poema que empieza así: Huele a hierba segada...
    Algún día lo pondré!. Gracias por tu sensibilidad.

    ResponderEliminar